Documento del mes. Mayo 2018

PRESENTACIÓN


Los archivos son los depositarios de la memoria de los pueblos, por lo tanto la divulgación de sus fondos contribuye a la recuperación de la misma. Por ello el Archivo Municipal de Plasencia pretende acercar a los ciudadanos el patrimonio documental placentino a través de pequeñas muestras mensuales de documentos municipales, testimonios de nuestro pasado que nos irán ilustrando sobre aspectos inéditos o menos conocidos de nuestra historia.


DOCUMENTO DEL MES. MAYO 2018.


 


Pasquines políticos. Marzo, 1834.


PASQUÍN CARLISTA. CUACOS, 17, MARZO, 1834


Transcripción:


«Biba Carlos Quito y los ralistas y muera la reina y su ija pronto teneis que ser degoyaos que biene un ejelcito es antes de dos meses nos emos de ber en canpaña los que teniamos las armas y los que las quitaron sin orden dinguna y si no fuera sio por que bino la tropa ya estabais amolaos (1) i ahora que se fue nos beremos puñeteros que sos tenemos que ajustal la cuenta»


PASQUÍN ANTICARLISTA. SERRADILLA, 17, MARZO, 1834


Transcripción:


«Viva Dios y la Constitución y mueran los Carlistas, viban los cristinos y mueran los infames.


Viba Ysabel 2ª y mueran los obispos traidores a la Reyna»


 


NOTA HISTÓRICA


La inestabilidad política que sufrió España en el primer tercio del S. XIX se vio incrementada al ser cambiada la Ley Sálica que impedía que las mujeres accedieran al trono. En los últimos años de su reinado Fernando VII la derogó para que su hija Isabel fuese proclamada princesa de Asturias, en detrimento de su hermano Carlos María Isidro de Borbón.


Fallecido el rey el 29 de septiembre de 1833, su mujer, María Cristina de Borbón, asumió la regencia, llegando a un acuerdo con los liberales para preservar el trono de su hija frente al alzamiento de los partidarios de Carlos, denominado Carlos V por sus partidarios, los carlistas, favorables al absolutismo y defensores de las tradiciones. Su base social estaba formada por pequeños propietarios empobrecidos y artesanos arruinados, procedentes sobre todo del mundo rural, así como miembros de la pequeña nobleza y una parte sustancial del clero.


Los liberales, también denominados isabelinos o cristinos, fueron los partidarios de Isabel, hija de Fernando VII. Sus apoyos provenían principalmente de la población urbana, de una incipiente burguesía y de otra parte de la nobleza.


Estos enfrentamientos provocaron el estallido de la primera guerra carlista (1833-1840).


En la zona del norte extremeño estas convulsiones políticas se vieron también reflejadas a través de la aparición de los pasquines políticos, fijados normalmente por la noche en puertas y muros, pegados en sus esquinas con miga de pan, engrudo o cera. Así en dos poblaciones cercanas a Plasencia, Cuacos y Serradilla, aparecieron en el mismo día, al amanecer del 17 de marzo de 1834, sendos pasquines manuscritos pero de signo diferente.


En Cuacos se hallaron por los vecinos cuatro de carácter carlista, de los cuales se conservan tres que fueron remitidos a Plasencia con las diligencias abiertas por alcalde ordinario. Para estos pasquines se utilizó el revés de una bula eclesiástica, siendo su lenguaje muy rudo y amenazante.  El otro pasquín, descubierto en la puerta del convento de monjas de Serradilla, era de signo contrario, anticarlista, a favor de María Cristina y su hija, contrario al obispo de Plasencia Cipriano Varela, conocido por sus preferencias a favor del pretendiente carlista.


En el oficio de remisión de las diligencias del documento de Serradilla se señala que «hay dos presos infelices», siendo uno de ellos un joven de catorce años como autor material, y el otro un labrador de cuarenta y ocho años que fue el que lo ordenó, y al que se le embargaron los pocos bienes que poseía.


En cuanto a los pasquines de Cuacos no se pudo averiguar la autoría a pesar de haber sido llamados como peritos calígrafos los dos maestros del pueblo.


Estas proclamas constituyen una fuente significativa y de primera mano para el estudio de las tensiones políticas de la época.


 


(1) Amolar. Según la RAE, afilar o sacar el corte o punta a cualquiera arma o instrumento en la muela o piedra de amolar