Documento del mes

PRESENTACIÓN


Los archivos son los depositarios de la memoria de los pueblos, por lo tanto la divulgación de sus fondos contribuye a la recuperación de la misma. Por ello el Archivo Municipal de Plasencia pretende acercar a los ciudadanos el patrimonio documental placentino a través de pequeñas muestras mensuales de documentos municipales, testimonios de nuestro pasado que nos irán ilustrando sobre aspectos inéditos o menos conocidos de nuestra historia.


DOCUMENTO DEL MES. JUNIO 2019.


Noviembre, 1944.


Periódico “La Constancia”.



NOTA HISTÓRICA


 


El documento que se expone este mes pertenece a unos legajos que, procedente del derruido Colegio de San Calixto, rescató y donó al Archivo Municipal de Plasencia D. Alejandro Martín Cascón el 25 de junio de 1997 de forma altruista y desinteresada, por ello es de agradecer este generoso gesto para el patrimonio documental de Plasencia. Esta donación está compuesta por 5 cajas archivadoras con documentos de tipo contable, de administración y de gestión, cuyas fechas abarcan desde 1899 a 1964.


En concreto el documento es el periódico “La Constancia” en su primer número, publicado en Plasencia en la imprenta La Victoria en noviembre de 1944, con motivo del Centenario de la inauguración del Colegio La Constancia. En él se resume en su primera página el acuerdo nº 1 con fecha uno de octubre de 1869, donde se determinaba la apertura del colegio el día 14 del mismo mes, el personal designado por los testamentarios, así como los primeros veinte alumnos. En páginas posteriores daba cuenta de los actos celebrados en 1944 para conmemorar el Centenario, entre estos la velada que se organizó en el Teatro Alkázar, misa solemne en la iglesia de San Esteban, comida, visita a la Virgen del Puerto, festival deportivo en el campo de San Calixto, y terminaba recordando a los ausentes e informando de los proyectos de la Junta Directiva, entre estos ayudar al antiguo profesor D. Cesáreo Barberán Palop y levantar un monumento al fundador D. Calixto Payan y Vargas.   


El edificio donde se instaló primitivamente este establecimiento fue en la casa solariega donde, de acuerdo a las estipulaciones testamentarias del Marqués de la Constancia, se fundó el colegio de de niños huérfanos “análogo o parecido al que fundó el Sr. Marqués de Mirabel”. Como se ha reseñado antes, este se abrió el 14 de octubre de 1869, en un contexto social y político bastante complejo:


Un año antes, en septiembre de 1868, se habían originado diversos pronunciamientos que finalmente triunfaron y consiguieron que la reina Isabel II marchara al exilio, constituyéndose por todo el país juntas revolucionarias, también en Plasencia. Una de las aspiraciones de estas juntas era la supresión del impuesto de consumos y de las odiadas quintas. Los primeros fueron suprimidos en octubre de 1868 con el consiguiente descalabro de las arcas municipales de la mayoría de los ayuntamientos.


La Corporación municipal constituida en Plasencia a principios de enero de 1869 tuvo que afrontar muy pronto, en ese mismo mes, su primer conflicto social al presentarse en las Casas Consistoriales un grupo de jornaleros en demanda de trabajo “o que se les socorriese con limosnas”, por lo que, tras telegrafiarse al gobernador civil, se acordó en sesión extraordinaria del 12 de enero darles trabajo “en componer los paseos de alrededor de esta Ciudad”. El gobernador aconsejó que se obrara con prudencia, y que enviaría 1000 escudos.


En relación a las quintas, al no haber sido suprimidas por el Gobierno Central, el nuevo ayuntamiento constataba que se encontraba “sin medios bastantes para atender a las obligaciones municipales”, a la vez que tenía que cumplir con el cupo de soldados que le había tocado a la ciudad, se veía obligado moralmente a redimir a los mozos del servicio militar, mediante el pago de unas cantidades determinadas (cerca de 600 escudos por cada soldado) al fondo de redención y enganche. La Corporación placentina carente de su principal recurso, el impuesto de consumos, intentó procurarse otros mediante la implantación del arbitrio de piso y solar (que en realidad era el impuesto de consumos pero con otro nombre), además del establecimiento de un arbitrio sobre la venta en exclusiva de la carne. Esta cuestión y conseguir la autorización de la Diputación Provincial para establecer los recargos contributivos, van a ser una prioridad de la administración municipal. Así nos lo evidencia las innumerables sesiones celebradas, tanto ordinarias como extraordinarias, y algunas de las frases vertidas en ellas relativas a redimir a los mozos del servicio militar nos ilustran bastante del deseo municipal de dar “un consuelo y alegría a las desgraciadas madres y atribuladas familias”.


Cuando el Ayuntamiento consiguió fijar el arbitrio de piso y solar, otro asunto de gran importancia para el desarrollo de esta ciudad vino a preocupar, en septiembre y octubre de ese año, a los munícipes y asociados: la llegada del ferrocarril a esta ciudad y la aportación municipal que se tenía que hacer a la compañía concesionaria, cuestión de gran importancia por la que el ayuntamiento comprometió el 80% de los intereses de los bienes de Propios enajenados (un millón y medio de reales) en obligaciones hipotecarías de la empresa contratista de esa línea, supeditándolo a que se ubicase la estación cerca de la ciudad (cuestión que no se cumplió).


Las relaciones con la Iglesia tampoco atravesaban su mejor momento. El obispo López y Zaragoza, dos meses antes de fallecer, había secundado una exposición presentada en marzo de ese año por el cardenal de Toledo a las Cortes Constituyentes. En ella se quejaban amargamente de las disposiciones dadas contra la Iglesia y terminaban pidiendo a las Cortes que se recogiese en la Constitución que se estaba redactando la unidad religiosa de España y no se admitiese “esa lepra extranjera de la libertad de cultos”. Tras la promulgación de la Constitución el 6 de junio y establecerse la obligatoriedad de jurarla por todos los que percibieran sueldos del Estado (políticos, militares, empleados, pensionistas y clero), hubo resistencia a efectuarlo por la mayoría de las placentinas pensionistas y  por el clero placentino, a pesar de que la Santa Sede lo autorizó a finales de septiembre. Esta situación quedó reflejada a nivel periodístico con las polémicas sostenidas por el sacerdote José García Mora “el cura Mora” en el periódico republicano El Cantón Estremeño y el resto de la iglesia diocesana. El “cura Mora” fue citado y emplazado por el vicario episcopal en noviembre y diciembre de ese año a comparecer ante él, para responder de la causa criminal que se le estaba formando por “haber escrito doctrinas heréticas, excitado el cisma y haber negado la obediencia debida a la Autoridad Eclesiástica Diocesana”.


Todas estas cuestiones que conforman el contexto de la inauguración del Colegio de la Constancia nos explican, en parte, la poca relevancia que se le dio por las dos instituciones más importantes de la ciudad de esa época, pues tanto en las actas municipales y en el Boletín del Obispado no se hicieron eco de ello.


Pero muy pronto el prestigio del colegio se fue consolidando y por parte de sus patronos se concibió un proyecto muy ambicioso, hacer un nuevo, moderno y amplio edificio, ya extramuros de la ciudad.