DOCUMENTO DEL MES
DOCUMENTO DEL MES DE FEBRERO DE 2026
La rondalla placentina en Carnaval
Plasencia, 1906, 1932
Este mes de febrero, mes frío y lluvioso, es también un mes con una celebración tradicional, el Carnaval. Por ello os traemos como Documento del Mes un cartel del Carnaval de la Rondalla Placentina de 1906. Acompañamos al cartel una fotografía de la Rondalla Placentina del año 1932. Los dos documentos pertenecen al Legado Manuel Muñoz Palomino.
El Carnaval es una festividad bien conocida en nuestro país, sus orígenes se remontan a rituales paganos anteriores al cristianismo. Durante la Edad Media, la Iglesia católica lo integró en el calendario litúrgico como un periodo de licencia y exceso previo a la Cuaresma, etapa marcada por el ayuno y la penitencia. Aunque nunca lo aceptó plenamente, la Iglesia lo toleró con recelo, considerándolo un “mal menor” antes de los cuarenta días de abstinencia. Era uno de los pocos momentos del año en que se permitía invertir el orden social, aunque solo durante unos días. La gente se disfrazaba para burlar las jerarquías establecidas, ridiculizar a políticos, curas o burgueses, y decir en voz alta lo que el resto del año se callaba. Por este motivo se regularizaba para intentar encauzar la festividad y evitar los excesos que podían derivarse de ella.
En Plasencia el Carnaval estaba reglamentado, como podemos ver en las Ordenanzas de 1880 donde se establecían límites claros al uso de disfraces, al comportamiento en la vía pública y a la protección del orden y la moral, como queda reflejado en los siguientes artículos:
Art. 15. En los tres días de carnaval se permitirá andar por las calles con disfraz, careta y máscara, pero sólo hasta la noche, quedando prohibido el uso de vestiduras de eclesiásticos y de órdenes religiosas, trajes de funcionarios públicos, bajo la multa gubernativa de cinco a quince pesetas.
Art. 16. Queda prohibido a los enmascarados llevar armas, ya sea por las calles, ya a los bailes, aun cuando sea bajo el pretexto de que lo requiere el traje con que se halle disfrazado.
Art. 17. Solamente la autoridad podrá obligar a quitarse la careta a la persona que hubiere cometido alguna falta o causare algún disgusto al público con su comportamiento.
Art. 18. Para la conservación del orden en los tres días de Carnaval, el Alcalde dictará y fijará un bando con las prevenciones que estime oportunas.
A principios del siglo XX convivían dos carnavales el popular con disfraces improvisados, máscaras toscas, ropa vieja, caras tiznadas y el “respetable”, el de las clases más acomodadas con antifaces, trajes alquilados y bailes privados. El cartel y la fotografía que mostramos pertenecería a este segundo grupo. La rondalla placentina se trataría de una rondalla organizada con instrumentos afinados y repertorio aprendido. No buscaban el escándalo, ni sus canciones tendrían un tono tan satírico y tampoco pretendían esconderse detrás de una máscara.
En el cartel se anuncian las canciones interpretadas por la rondalla con identificación de los compositores de la letra y de la música de cada pieza. Este detalle, sería poco frecuente en el repertorio tradicional donde la transmisión sería oral y sitúa a la rondalla en un entorno cultural donde la música no es únicamente transmisión oral, sino una creación consciente, fruto de una actividad musical organizada, pensada para un público lector y compatible con las normas morales de la ciudad.
El cartel incluye, una canción de temática histórica dedicada a Carlos V titulada “Misteriosa Diadema” con letra de Ramón Losada y música de Isaac González (Peral) y otra de carácter amoroso titulada “Paso-doble coreado” con letra y música de Juan Carrasco. La canción histórica remite a la memoria del emperador retirado en Yuste, convertido a finales del siglo XIX y comienzos del XX en símbolo de grandeza pasada, orden y catolicismo ejemplar. El retiro y muerte de Carlos V en Yuste contribuyó a que la población del norte de Extremadura lo percibiera no como un monarca lejano, sino como una figura cercana y casi local, siendo una especie de orgullo comarcal. Estos tres temas grandeza pasada, religiosidad y sentimiento de pertenencia territorial se reflejan en la canción “Misteriosa diadema”. Para una rondalla de clase media, cantar a Carlos V suponía mostrar formación y vincular la ciudad de Plasencia a la gran historia de España.
La canción amorosa, por su parte, responde a otro registro igualmente aceptable: el del sentimiento idealizado y galante, propio de rondas nocturnas respetuosas.
La fotografía, aunque es posterior al cartel, sugiere la pervivencia de una misma tradición musical. Los 21 integrantes, todos menores, aparecen disfrazados de payaso y sin máscara. Los instrumentos -guitarras, laúdes, violines y panderetas- revelan una formación musical, propia de rondallas estables.
El grupo posa de manera ordenada, en el reverso de la fotografía manuscrito con bolígrafo figura el nombre o apellido de algunos de los componentes, varios de los cuales llegarían a convertirse en figuras reconocidas de la ciudad:
“Fila superior de izquierda a derecha Lorenzo García Sagrera, Cesáreo Dirán, X, Emiliano Mirón, X, Chinato, Francisco Flores. Segunda fila: Gordo, Hornero, Sañudo, X, Casto Mora, Torés y Miguel Sañudo. Tercera fila: Guzmán Sánchez Márquez, Julián Tovar, Antonio Cantalapiedra, Primitivo García, Ángel Sañudo, Ángel Sánchez - Mora y Paco Mirón."
La existencia de esta rondalla es reflejo también de la tradición musical de la ciudad, con músicos y profesores algunos de larga trayectoria. La afición musical se desarrollaba a través de bandas de música como la dirigida por León Moreno en 1906, la del colegio san Calixto, y en décadas posteriores las bandas militares de los años 20, que contribuyeron a la formación musical de varias generaciones de jóvenes placentinos.



