DOCUMENTO DEL MES
DOCUMENTO DEL MES DE MARZO DE 2026
Solicitud de la matrona María García de reconocimiento de suficiencia profesional.
Plasencia, 1714.
Este mes de marzo, en el que se celebra el día de la Mujer, volvemos a rendir homenaje a las mujeres con la documentación del Archivo Municipal. Aunque no es fácil encontrar nombres de mujeres en los expedientes anteriores al siglo XX, para esta ocasión hemos elegido un expediente de recursos humanos, en concreto de una matrona del año 1714. Se trata del expediente de María García solicitando que se le reconozca su suficiencia para ejercer su profesión.
El expediente está compuesto por dos documentos: la solicitud manuscrita de la interesada y el decreto municipal en relación a la petición.
El primer documento nos presenta a María García, quien se define a sí misma como "vecina de esta Ciudad y Comadre en ella en cuyo Ministerio e ejercido por espacio de más de catorce años". Es interesante observar el uso de la palabra "Ministerio" que en la época equivalía a oficio o empleo.
En la España del siglo XVIII el trabajo de matronas -también llamadas parteras, comadronas o comadres- era una profesión ejercida casi en exclusiva por mujeres con conocimientos sanitarios, adquiridos por transmisión oral y práctica, no mediante estudios reglados. Su experiencia provenía de haber asistido a numerosos partos y de la enseñanza de otras matronas mayores. A pesar de la ausencia de formación universitaria, asumían una gran responsabilidad y desempeñaban un papel social fundamental: asistían a las mujeres en el parto, proporcionaban los primeros cuidados al recién nacido (corte del cordón, limpieza, atención inicial) y acompañaban a la madre durante el puerperio. Todo ello, en un tiempo en el que los antibióticos no existían y los medicamentos estaban basados fundamentalmente en plantas medicinales. Podemos imaginarnos a una matrona de Plasencia desplazándose por sus calles a pie, a cualquier hora del día o de la noche portando apenas unos pocos ungüentos, paños limpios y sus conocimientos y destreza.
María García en el documento declara llevar ejerciendo "por espacio de más de catorce años". Esta cifra implica una gran experiencia, en un oficio que requiere una disponibilidad casi absoluta, no conoce horarios y que conlleva, sin duda alguna, muchas noches en velan con jornadas que pueden llegar a ser muy largas. María García en sus 14 años de profesión habría adquirido sobradamente conocimientos sobre anatomía, remedios y psicología, esta última fundamental también para asistir y acompañar a las mujeres en el parto. María presume de haber trabajado "con la felicidad que Dios Nuestro Señor fue servido concederme", a pesar de haber enfrentado casos de "grande riesgo". Esto nos muestra una profesional con vocación y que conoce el peso de su responsabilidad.
El asunto fundamental de la solicitud de María García surge de un conflicto laboral. María denuncia que una "nueva Comadre" está intentando "embarazarme el curso de mi oficio". Ante lo que María recurre a las autoridades para defender su derecho a seguir ejerciendo su oficio. María García ante este conflicto toma un papel activo, acude a la "grandeza de VS (Vuestra Señoría)” para exponer los motivos que le asisten para la "prosecución" (continuación) de su carrera, reclamando que se respete su trayectoria.
Para resolver el conflicto, la autoridad ordena un examen. María relata cómo se sometió al escrutinio del Médico de Cámara, respondiendo a "todas las preguntas y repreguntas que me hizo a solas". El hacer el examen “a solas” muestra que no hubo ayuda externa y que el conocimiento era propio.
La figura del médico de cámara a principios del siglo XVIII correspondía a un profesional, casi siempre varón, con estudios universitarios de medicina y con la mayor jerarquía entre los médicos locales. Además de ejercer la medicina, tenía influencia directa en decisiones políticas locales relacionadas con la salud, supervisando la labor de otros profesionales y emitiendo informes oficiales, como ocurre en este caso. María García con este examen tiene que validar su saber empírico ante la ciencia institucional y solicita se resuelva su caso tras ver el informe del citado médico de cámara.
En el segundo documento, fechado el 26 de abril de 1714, el escribano Ignacio Jacinto de Porras certifica que el Ayuntamiento Ordinario de la "Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Plasencia" ha recibido la petición.
En la respuesta institucional el Corregidor y los Regidores deciden que el Doctor Don Juan Antonio Bernal y Torres (médico de cámara) y la "Matrona destamisma" informen sobre el caso.
La mención a la Matrona “de cámara” Magdalena Cigales, es un punto también interesante que confirma la existencia de una estructura profesional femenina con cargos de supervisión y autoridad sobre otras matronas. El hecho de que el Ayuntamiento pida un informe tanto al médico como a la matrona de cámara indica que el testimonio de una mujer experta tenía un peso equivalente al del facultativo varón en temas de obstetricia.
María García termina su petición con una fórmula de respeto, B.L.M. de V.S. [Besa La Mano de Vuestra Señoría], pero su firma, al pie del papel, nos habla de una mujer que sabía leer, escribir y, también defender sus intereses.
Este documento es una muestra de la brecha de género presente en el ámbito sanitario a lo largo de la historia. Durante años, la medicina fue un espacio de prestigio mayoritariamente masculino, mientras que los cuidados —ejercidos por matronas y enfermeras— ocupaban una posición secundaria. En la actualidad, la feminización de la profesión, estrechamente ligada a esos cuidados, refleja tanto los avances logrados en el acceso como la influencia del género en el reconocimiento de determinados trabajos.
Con este documento sobre María García, queremos rendir homenaje a las matronas, parteras y comadres que, con sus saberes, dedicación y perseverancia, abrieron el camino a las profesionales de la salud de hoy, así como a todas las mujeres que, a lo largo de la historia, han luchado por la defensa de sus derechos.
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